I choose my words
I have my sword
and my pain
I have traveled ten thousand miles
to meet my fate
and my chest is full with pristine hate
Ahab is one of my names
and I will have my chance again
A blog meant to be updated every time I visit it...meaning almost never. Spanglish, bad poetry, shallow thoughts and probably some punk rock songs. And a movie once in a while. See you at the end of the road
I choose my words
I have my sword
and my pain
I have traveled ten thousand miles
to meet my fate
and my chest is full with pristine hate
Ahab is one of my names
and I will have my chance again
El lino de mis velas cede, y hasta hoy, no viento débil o fuerte me ha puesto de proa a la costa. He vuelto unas pocas veces a lo largo de los años,y a pesar de que fui feliz y tuve fruto, no quiero otra hamaca ni otra cama que aquella que se mece en el viento.
Pero hoy he visto una orilla cálida y pedregosa. Me ha acunado en un vientre con olor a hierbaluisa. Con unos brazos gráciles y elusivos, he vuelto a sentirme inesperadamente en casa. o en algo que debería ser casa, si supiera exactamente lo que es eso.
Orilla. Puerto. Lumbre. Alimento. Un si envuelto en una mirada. Un deseo urgente de volver. Esas piedras que hicieron sangrar mis talones al salir del agua ahora me invocan desde el ardor de la sal. Una crepitación, una rama seca quebrándose en el fuego azul de dos antorchas.
No sé cuántas semanas, cuántos meses, cuántos años. No sé si llegué tarde o demasiado temprano. Debería ser suficiente haber contemplado la tarde desde tu brisa. Debería dejar de ser deseo y convertirme en orilla.
Mi piel es negra, incluso bajo mi pelaje. Mis falanges se han extendido y sus membranas me mantienen abrazando el aire con intermitencia. Discurro sin ruido cerca de ti, oigo tu voz y veo los cruces de miradas de los que se sientan a tus faldas. Contemplo extrañado tus trampas, sus cuchicheos y pico a algunos de ellos para que no se aburran. Para que sepan que no estan solos.
Sé lo que soy para ti. Es imposible que sonrías si me ves pasar, incluso cuando toco el agua que corre a tu lado y me elevo, incluso cuando soy feliz. Estoy comiendo mis anacardos y Shapshiko sopla despreocupado a través de ese túnel de aire que tanto le divierte hacer cuando titi baja de su rama. Soy parte de la luz y de la profundidad de campo, aunque viva en las sombras y te obsesiones conmigo a cada crepitar de hojas de otoño. Soy sólo una criatura. Me alimento del néctar de las flores crepusculares y a veces duermo en tus brazos, pero para tí soy sólo el otro, el que no es como tú.
Estoy en tu mundo pero habito el mío. Estos días son confusos, porque necesito acercar mi selva a tu montaña. He perdido el sentido de los límites y ya no sé si los anacardos son de mis dominios o del tuyo. Si son regalos para mi, o si sólo han caido de tus ramas involuntariamente. Yo he llevado pétalos a tu territorio y te he cantado como los mios saben hacer....aún sabiendo que tú no podrías escuchar. Pero hay días, en que pareciera que me escuchas. Otros días sólo parece ser el retorno de mis propios mensajes, ya sabes cómo medimos las distancias en mi casa.
Vuelo a ciegas estos dias, como siempre, pero como nunca. Agradezco tu sombra pero necesito saber. Háblame.
Soy un raccoon. Voy por ahi persiguiendo olores. A veces me desplazo unos cientos de kilómetros. Otras veces me pierdo por calles cercanas. Desde que recupero y pierdo la esperanza de sweetheart a mi lado (agregada a una súbita llovizna, yo me entiendo), mis pesquisas han perdido su otrora lujuria para permearse de un inefable apetito por la búsqueda de mensajes escondidos. Como antes a los olores, ahora busco pistas, mensajes, claves, direcciones, convencido ya para siempre de que la casualidad es sólo un barbarismo por causalidad.
Y asi, una noche de patrulla, llego a una dirección riesgosa. Un frontón azul con una niña sosteniendo una manzana, de unos 20 metros de anchura. El número equivocado, las señas confusas incluso para mí, procyónido acostumbrado a moverme entre rutas inciertas y señales difusas.
El portón del edificio se abre sin ningún mensaje de bienvenida. Un timbre monótono, una conversación en forma de murmullos pero con cambios de entonación que podrían pensarse reproches.
La puerta se abre, pesada pero no montada sobre los goznes (fue un tema de conversación luego). Una luz amarilla ilumina el pasadizo, combinada con el reflejo de los rojos y naranjas del fondo. Ella tiene una sonrisa helada y unas cejas arqueadas, tatuadas en sus frontales. Un cráneo hermoso, dolicocéfalo, simétrico, poblado de rizos negrísimos, como una Medusa granaína. Una sonrisa perfecta de dientes rectangulares. Dedos larguísimos, casi increíbles. El meñique más largo que he visto en mi vida. Ensayé a poner mi meñique de raccoon cerca al suyo para calcular la proporción. El doble, como mínimo. Apenas podía percibir su aliento.
Entré en su sala, llena de objetos fáciles de pasar por alto, excepto por dos platos de piedra tallada, que parecían erizos del tipo dólar de mar , que me miraban fijamente desde el estante, exactamente como la mirada de una lechuza: simétricos y de profundas pupilas. Profundas y cósmicas como los ojos de Muerte. A un lado, la foto del hermano muerto, ahogado hace poco más de un año. Al otro lado, la foto de un gato, muerto una semana después de la muerte del hermano.
Ella me hace un recuento de todos sus padecimientos, sin variar en absoluto el tono alegre y siniestro de su sonrisa helada. Artrosis, pancreatitis, enterocolitis, peritonitis, abandono, exultación, evaluación rápida de mis características físicas e historia personal. Muerte, entonces, decreta
"No es justo que yo acumule todos los males y tu no tengas ningun padecimiento"
Antes que el sopor y la repentina alergia (3 gatos no-muertos en casa, además de un angel guardián, asumo que algun tipo de querubín, pero no controlo esas taxonomías) me invadieran, Thanatos produjo en mis manos una pastilla de Loratadina y me dijo: tomate eso ahora mismo. Alguna reprimenda, excusas muy educadas, dos peliculas de terror, y la desaparición repentina de mi voz, fueron los argumentos válidos para abandonar su nido, unas 3 horas más tarde. Lo que se comentó esa noche queda guardado en papel, muy cerca del horno, en mi madriguera.
Luego de eso recuerdo haber cruzado la noche, muerto de frio, pero sobre todo de terror, rumbo a casa. Nadie sabe que soy alérgico a la Loratadina.
Lanzas tu zapatilla izquierda al Rio Ucayali, con un grito y una risita. Es un acto aleatorio de distracción o la búsqueda taimada de un momento mágico. No tengo la foto pero tengo la imagen. El ferry llega a destino luego de unas 4 horas de conversación, ambos en nuestras respectivas hamacas, ponderando las dimensiones y tratando de identificar las llamadas de las criaturas habitantes de la selva amazónica.
Te dejo ir, claro, como dejar que el Sol se vaya, o que la Luna venga.
Y poco más.
He venido corriendo a mi bitácora (bueno, había que limpiar la bandeja del gato antes, pero lo he hecho rápido). solo para no olvidar que hay días que mi sombra sale de casa antes que yo, sobre todo al atardecer- y baja dieciséis escalones, porque se le ha dado por descubrir constantement la brisa del jazmin que hace un tiempo tapiza (o más bien, techa) mi camino a casa. Para recordar que en estos dias muero un poco en detalles tales como querer tomarte una foto mental delante del cuadro cuya idea me regalaste, o cómo arrastras ligeramente uno de los pies, como una herida de una guerra futura. O la cara que pones cuando me paso demasiado tiempo callado. Sobre cómo he conspirado contra mí mismo para que no vuelvas más que en las imposibles condiciones que he planteado. Para ser yo, libre en mi contradicción permanente y permitirte serlo, aunque vayas por la vida con un número de deberes autoimpuestos en tu condición de persona que se dedica a deshacer agravios y enderezar entuertos.
aprovecho la presente para reiterarte mis sentimientos de alta consideración y estima.
el mirlo aun no viene a mi ventana. y tengo que cambiarle la comida.
E ste es uno de esos días en que, despojado de mi cada vez menos aparente máscara, no me queda otra que ser yo mismo, e in...